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viernes, 13 de enero de 2017

Blanco sobre negro

No es que me rindiera,
es que dejé de rastrear residuos
y de arañar los límites de todas las derrotas
para encontrar la única mentira
capaz de revivirme.

La buscaba y buscaba hasta el exceso,
como quien busca un salvavidas mísero
para alejar ahogos insistentes.

Y me aferraba a su alimento insano,
a sus dientes de alivio,
al placer de su estúpida angostura.

No es que me cansara
de dibujar trayectos en mapas invisibles
y encajonar mi sombra
en vagones poblados de trenes sin retorno,
convirtiendo en costumbre
respirar el engaño de un invierno sin norte.

Es que aquel paraíso poseía
demasiadas serpientes y muy pocas manzanas.

No es que decidiera dejar de ser la necia
heroína de un cuento agonizante, 

es sólo que aprendí que era inútil morir
donde yo ya no estaba.

miércoles, 11 de enero de 2017

Debí decirte

Debí decirte que el amor a veces
llora sobre la espalda de mis sombras
toda una lluvia de inquietud hambrienta
que inunda pensamientos.

Que a veces me pregunto cómo puedo vivir
cuando la soledad se vuelve frágil
y tú no me acaricias la rutina
como en ese trayecto en que tus dedos
borraban la agonía de mis ansias.

Que me caigo de mí si tú no me sujetas,
que me duele el temblor de la distancia
cuando huelo la piel de tu recuerdo,
y que muero en tu boca cada instante
si no besas la sed de tu presencia.

Debí decirte que me vuelvo breve,
un hueso de impotencia tembloroso,
una duda sangrando su desorden
cuando no estoy contigo.

Que soy una mujer en carne viva 
que se amolda a la vida entre tus brazos.

Penélope

Estás sentada en un andén del tiempo
con los labios mojados de infinito
y esa manía tuya de andar siempre esperando
igual que una Penélope cualquiera
atestada de incógnitas,
mirando anocheceres cada alba,
atenta al menor gesto que te nombre.

No sabes de qué forma resistirte
a tu gris vocación de aferrarte a lo escuálido,
a una voz que enmudezca tu quietud
o a un silencio que hable de llegadas.

Algunos días logras no soñar
y el recelo te advierte
que quizás ya no vuelvan las palabras perfectas
a arrullar los oídos del sosiego,
que quizás no haya puentes que te alcancen
porque nadie los riega en la otra orilla.

Pero a veces percibes el paso de los pájaros,
un instante de alas,
un aliento pequeño entre las dudas,

y te sientas de nuevo en la estación
igual que una Penélope cualquiera.

lunes, 9 de enero de 2017

A media luz

Será porque es de noche y estoy sola,
o porque pesan todos los cansancios
y no hay leña que impida que el frío se desnude,

o será porque el aire parece que respira

olor a insurrecciones
y no se queda quieto arrastrando declives.

El caso es que me siento a la intemperie
y con los pies mojados por la lluvia,
hastiada de pisar la zozobra del barro.

Noto la extenuación de mis pupilas
y cómo tiembla el pulso de la fe 

de tanto perseguir domingos perezosos.

Debería tumbar sobre la nada
esta nuca de rizos vulnerables,
y descansar de los fantasmas cínicos
que me hacían creer en los milagros.

Dicen que nunca es tarde para volver al sur.

Ya jugué demasiado a la ruleta rusa,
ya me mataron demasiadas balas.

Cada vez queda menos corazón
para tanto suicidio.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Desmentidos

Ser poeta no es 
ser el poema.

Un poeta no escribe
de todas sus mentiras,
ni todos sus poemas son verdad.

Puede expresar un árbol,
el ansia de una hoja,
el miedo tembloroso,

un pájaro sin rumbo,
el amor cuando anida,
una estampida con las alas rotas,

la tristeza,
la sonrisa del sur,
el desorden perfecto,

la libertad,
un viaje que no vuelve,

la vida,
la nada,

o aguaceros de lluvia en el desierto.

Pero un poeta
ni siempre se desnuda
ni siempre se disfraza.

Únicamente escribe de las cosas que ocurren
desde fuera hacia dentro
...o viceversa.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Érase una vez

No sé cómo llegar a la distancia,
cómo hacer para irme de esas manos
que retienen mi nombre
y acarician aún cada temblor
de mi piel frente al fuego
mientras sonaba música de Queen
debajo de una manta.

Pero tengo que irme
antes de que otra muerte me sorprenda
desnuda y vulnerable
ante una chimenea destemplada,
con resaca de whisky y de deseo,
de la que ya se fueron la princesa y el héroe.

Sé que tengo que irme y aun así
no sé cómo dejar de ver sus gestos,
el piercing de su pecho a contraluz
y la cerveza suave de sus párpados.

Cómo puedo olvidar su voz de cigarrillo
susurrándome sedas como flechas.

Tendré que camuflarme entre las rocas,
apagarme los ojos
y dejar de escuchar su palabra de tinta
que tatuaba infinitos
al final de mi espalda.

Los cuentos deberían tener final feliz,
pero tengo que irme.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Llorar

Sólo quiero llorar mientras dure la noche
y que el alba me traiga
una luna desierta donde poder dejar
mi corazón de lluvia.

Que se llenen mis venas de ríos desbordados,
que mis ojos naufraguen,
que las islas se inunden de derivas
y se derrumbe el árbol tembloroso
que habitaba en mitad de ningún sitio.

Mientras dure la noche lloraré
precipicios de mí
sin tregua y sin trinchera.

Tengo mares callados en la voz
y un derroche de sed en el silencio.

Soy un alma de agua
y la voy a llorar
mientras dure la noche.