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lunes, 6 de febrero de 2017

Certezas

De qué sirve soltar manadas de luciérnagas
en corazones ciegos
o perseguir veranos en lugares
donde siempre es noviembre.

No seguiré intentando que las piedras respiren.

Me guardaré la luz como un secreto
que consiga apartarme de los puños
de las luchas inútiles.

No daré un paso más hacia la espera,
ni seré el asidero
de quien no quiera prolongar inicios,
de quien no sepa caminar descalzo.

De qué sirve llover en las estatuas,
de qué sirve pintar de rojo el aire,
de qué sirve el esfuerzo
por traspasar el hierro de las dudas.

Todo es lo que parece
y empieza a ser muy tarde
para encontrar motivos que me anuden
a puertos imprecisos.

No seguiré inventándome
que hay verdades posibles 
en lo incierto.

jueves, 26 de enero de 2017

Contradicciones

Hay veces que no quiero nada más 
que poder comprender 
las simples líneas rectas. 

Suele ocurrirme cuando ando perdida
y busco atajos en alguna nube 
de esas inasibles con los ojos. 

O cuando transitar es una inmensa duda,
una bifurcación que se me enreda dentro
y parece llevarme a la derrota.

Quisiera caminar sin pretender volar,
conseguir eludir mi dosis de utopía,
y anestesiarme
mecida en el reloj del conformismo
con su flecha apuntando hacia la nada.

No pisar las orillas del dolor,
no mirar a los lados esperando a los sueños,
no vestir claroscuros,
ser incolora.

Hay quien dice que es fácil.

Pero a mí
me cuestan demasiado los trayectos
donde no existen los matices dulces
ni soplan vendavales de inquietud
o me empapan las aguas de un río repentino.

Así que es extraño,
debo ser muy distinta a tantos otros,
no puedo comprender 
las simples líneas rectas.

domingo, 22 de enero de 2017

El penúltimo poema de amor

Si me vieras ahora
que soy un mar de copos de añoranza
estancado en mitad del pensamiento,
y me abrazo a señales invisibles
que entrecierran mis ojos y me duermen
en el placebo párvulo del frágil autoengaño,

verías cómo invento que aún me extrañas,
cómo espera a tu voz mi voz sin nombre,
cómo buscan mis olas tu tormenta.

Si supieses 
que me interno en el mundo de los solos
enredada en mi cuerpo anochecido
y soy como los huesos de una lágrima
rodando por las curvas de la ausencia,

sabrías que el olvido se olvidó
de esconder en mi frente su refugio.

viernes, 13 de enero de 2017

Blanco sobre negro

No es que me rindiera,
es que dejé de rastrear residuos
y de arañar los límites de todas las derrotas
para encontrar la única mentira
capaz de revivirme.

La buscaba y buscaba hasta el exceso,
como quien busca un salvavidas mísero
para alejar ahogos insistentes.

Y me aferraba a su alimento insano,
a sus dientes de alivio,
al placer de su estúpida angostura.

No es que me cansara
de dibujar trayectos en mapas invisibles
y encajonar mi sombra
en vagones poblados de trenes sin retorno,
convirtiendo en costumbre
respirar el engaño de un invierno sin norte.

Es que aquel paraíso poseía
demasiadas serpientes y muy pocas manzanas.

No es que decidiera dejar de ser la necia
heroína de un cuento agonizante, 

es sólo que aprendí que era inútil morir
donde yo ya no estaba.

miércoles, 11 de enero de 2017

Debí decirte

Debí decirte que el amor a veces
llora sobre la espalda de mis sombras
toda una lluvia de inquietud hambrienta
que inunda pensamientos.

Que a veces me pregunto cómo puedo vivir
cuando la soledad se vuelve frágil
y tú no me acaricias la rutina
como en ese trayecto en que tus dedos
borraban la agonía de mis ansias.

Que me caigo de mí si tú no me sujetas,
que me duele el temblor de la distancia
cuando huelo la piel de tu recuerdo,
y que muero en tu boca cada instante
si no besas la sed de tu presencia.

Debí decirte que me vuelvo breve,
un hueso de impotencia tembloroso,
una duda sangrando su desorden
cuando no estoy contigo.

Que soy una mujer en carne viva 
que se amolda a la vida entre tus brazos.

Penélope

Estás sentada en un andén del tiempo
con los labios mojados de infinito
y esa manía tuya de andar siempre esperando
igual que una Penélope cualquiera
atestada de incógnitas,
mirando anocheceres cada alba,
atenta al menor gesto que te nombre.

No sabes de qué forma resistirte
a tu gris vocación de aferrarte a lo escuálido,
a una voz que enmudezca tu quietud
o a un silencio que hable de llegadas.

Algunos días logras no soñar
y el recelo te advierte
que quizás ya no vuelvan las palabras perfectas
a arrullar los oídos del sosiego,
que quizás no haya puentes que te alcancen
porque nadie los riega en la otra orilla.

Pero a veces percibes el paso de los pájaros,
un instante de alas,
un aliento pequeño entre las dudas,

y te sientas de nuevo en la estación
igual que una Penélope cualquiera.

lunes, 9 de enero de 2017

A media luz

Será porque es de noche y estoy sola,
o porque pesan todos los cansancios
y no hay leña que impida que el frío se desnude,

o será porque el aire parece que respira

olor a insurrecciones
y no se queda quieto arrastrando declives.

El caso es que me siento a la intemperie
y con los pies mojados por la lluvia,
hastiada de pisar la zozobra del barro.

Noto la extenuación de mis pupilas
y cómo tiembla el pulso de la fe 

de tanto perseguir domingos perezosos.

Debería tumbar sobre la nada
esta nuca de rizos vulnerables,
y descansar de los fantasmas cínicos
que me hacían creer en los milagros.

Dicen que nunca es tarde para volver al sur.

Ya jugué demasiado a la ruleta rusa,
ya me mataron demasiadas balas.

Cada vez queda menos corazón
para tanto suicidio.