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domingo, 5 de noviembre de 2017

Con un solo gesto

A veces un instante
puede encender la luz 
de las noches del tiempo.

abrir las cerraduras imposibles,
y sacarnos del pecho cada bala,
y hacernos caminar
llenándonos de ceros los zapatos.

A veces simplemente un solo gesto
atraviesa de golpe los añicos,
se salta los paréntesis oscuros
y nos pone delante de un viaje de regreso.

Y de pronto se esfuma la sal acumulada
y todo es tan exacto como un beso
y vuelan primaveras por el vientre.

A veces un instante es un tsunami
que llega y nos coloca mirando al mismo mar
sobre una nueva orilla.

domingo, 29 de octubre de 2017

Puntos suspensivos

Mientras me hablabas
cada latido me empujaba al sur,
a bailar sobre el miedo
y a despejar la incógnita de una felicidad
desesperadamente inacabada.

Pero no sé si supe responder
al puente inesperado de tus manos.

Y no sé si entendiste
que mi alma era un enredo de llagas y de besos,
un bullicio de tiempo en la deriva,
un galope radiante y paralítico
luchando por correr hacia tus ojos.

Debí decirte que jamás me fui,
que guardé en mis oídos tu silencio,
y que ando sobre puntos suspensivos
con tu nombre abrazado a mi memoria.

No supe responderte y está mi corazón
desnudo en la intemperie.

No sé si volverás.

Y de nuevo,
este sabor a incertidumbre,

y otra vez,
este olor a nostalgia.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Recuerdo II

Qué habrá sido de él,
de sus ojos de hierba,
del sol de aquellos sábados,
del imán en el aire.

Siempre fue caprichosa la memoria.

De pronto le recuerdo
llenándome de luz cada lunar,
curvando mi cintura,
trazando corazones en mi boca.

La nostalgia sonríe
y todo se concentra en el ínfimo espacio
que ocupó un infinito.

Y regresa a mi piel un febrero lluvioso
y el pálpito de un beso irremediable.

Hoy su recuerdo es
un júbilo encarnado entre las sienes.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Paradoja

No sé qué hago aquí,
flotando sobre un hilo
que se soltó del tiempo.

Escribiendo de nuevo versos invisibles,
rellenando vacíos con tu nombre,
buscándote en mi brújula sin flecha.

No sé qué hago aquí
donde habita un ayer y cuatro despedidas,
donde viajo a merced de un aire impredecible
y confundo al silencio con tus ojos.

O tal vez sí lo sé:
sucede que no quiero que no existas.

Necesito volver de vez en cuando
y encontrarme contigo en la intemperie,

aquí donde morí,
aquí donde tú existes.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Nostalgia

La nostalgia
se desliza en mis hombros sin permiso,
casi como una seda paulatina
que tiñe de colores agridulces
el uniforme gris de la cautela.

A lo lejos escucho cómo hablabas
de aquel vestido rojo
que ceñía la piel de los instintos
y que nunca llegaste a regalarme
porque entonces las horas abarcaban promesas
y el tiempo era una prórroga infinita.

Tengo un beso de lluvia en la memoria
en esta noche ocre
y poco a poco empiezan a borrarse
los suicidios del alma.

A lo lejos la arena huele a hierba.

Sacudo las cenizas del letargo
y abro por fin los ojos, imprudente,
para mirar de cerca a la añoranza.

La miro y lleva puesto aquel vestido rojo
El que nunca llegaste a regalarme.

jueves, 31 de agosto de 2017

Tristeza

Ella nunca se va,
aguarda agazapada en una letanía
de peldaños que incitan al descenso.

Me conoce, y también yo la conozco,
ya estuvo en mi penumbra
más de un siglo de veces.

Volverá con su voz llena de invierno
a desear hundirme.

Yo sé que volverá, pero esta vez
no será fácil que me quede al fondo
de su mar lacerante.

Primero
tendrá que pelear contra una guardia
de Lázaros en pie.

Creencias

Creía que venías exacto cada tarde
a mirarme un instante entre la niebla
a quitarle la vida a los olvidos.

Que alterabas el orden de los años
y volvías a mí 
con la puntualidad de la nostalgia
a hacerle un boca a boca a la desidia.

Incluso hasta creí que alguna vez
leerías mis líneas y mis versos.

Creía que esos gestos nos salvaban.

Pero ahora no andan los relojes,
seguramente
porque tan sólo yo les daba cuerda.

Ya ves que siempre caigo en cada trampa
que la imaginación me pone.

Me equivoqué al creer que la casualidad
era un olor a mariposas dulces
entrando en mi ventana unos segundos.

Ya ves,
volvió a perder un pulso la inocencia.

Y ahora la verdad es un lugar inhóspito.