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miércoles, 10 de febrero de 2016

Madrid

Siempre que vuelvo
parece que Madrid me estuviera esperando
y alargara los dedos de sus puentes
para llenar de aire mis islas circulares.

Tienen sabor a Lázaro sus ojos
porque me mira y reconoce grietas
que llena con lo exacto de su centro,

y escribe en mis pestañas aperturas
que derraman su luz sobre mi insomnio.

Me hacía falta este regreso al cero,
a las calles preñadas de caminos
donde la libertad no es un milagro.

Madrid es un misterio que me sana,
el lugar donde existo como las cosas ciertas,

el lugar donde soy de hierba firme
capaz de descalzarse en el asfalto.