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jueves, 28 de abril de 2016

Sequía

No me quedan palabras en el cuerpo
ni poros en la voz.

Mis dedos no sirvieron
para trazar un sol sobre tu cumbre,
ni logró la sonrisa de mis muslos
curvar tus comisuras. 

Volqué todos los ríos en las piedras
igual que si existieran los milagros
y pudiera brotar
una brizna de hierba en su aridez.

Y ahora
soy un paisaje seco ante tus ojos,
el despropósito de un verso mudo,
los pies que no alcanzaron tu deriva.

Ahora me haces falta,
mientras estoy mojada de desiertos,

tan incongruente

como un pez en el aire que respira
bocanadas de lluvia.